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producciones creadas por lAs estudiantes del taller de escritura creativa

 

prof. Roxana Gòmex

 

“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama…

   Un vestido rojo estilo velvet, ese que tantas veces había visto a su madre copiar para las chicas del barrio en su máquina de coser. Lo tocaba despacito con las yemas de los dedos como para que no se pueda romper, sentía la suavidad de la tela que le estremecía la piel, el vestido, lo acariciaba a él.

   Habían sido años de noches con sueños intranquilos, habían sido días de tormentos, pero Gregorio se había propuesto que esa fuese la última vez. En esta oportunidad no solo habían sido murmullos al pasar a su lado, miradas de desaprobación, insultos a la distancia. Habían cruzado la línea.

  Se abrazó a sí mismo, y lloró todo lo que tuvo que llorar para que el llanto se llevara también los moretones y las heridas, se levantó de la cama y se sentó en el tocador, puso en marcha una delicada labor que tantas veces a escondidas, había practicado con su amiga Paula. No quedó ningún rastro de algún moretón, sus ojos negros destacaban felinamente y furiosos los labios.

    Tomó el vestido, se lo midió frente al espejo y ya no hubo ayer, corrió a su armario de pintura descascarada y encontró enterrados en el fondo, unos tacazos estiletos blancos que un día compró en una zapatería para su hermana que no existía.

   Se calzó el vestido, que en otro cuerpo no iría mejor, se subió a los tacazos y salió de casa como quien se decide a conquistar el mundo pase lo que pase. Si el mundo lo iba a golpear que fuese por ser quien quisiera ser y no por ocultar lo que era, pensó.

   ¡Puto! ¡Puto! Le gritó Francisco que esta vez estaba sin los “pibes”, él se acercó y sin temor, porque lo peor ya pasó, -¡Laura! –soy Laura dijo, con toda la seguridad que el mundo hasta ayer no le había dado.

Y así se fue ella, Laura ya sin temor a ser quien quería ser.

 

 

"Gregorio"- Marlene Ojeda

 

 

"Instrucciones para Escuchar"- Florencia Diaz

 

 

"Instrucciones para Respirar"- Evelyn Gudiño

 

Un estímulo. ¿Qué es eso que mi cerebro percibe? No lo siento con el tacto. No lo puedo oler, no lo puedo ver. Tampoco tiene sabor. No es tangible, pero sé que existe. Un sonido llega, vaya a saber cómo, pero si sé que sentí algo. Y lo que hice fue escuchar. Pero ¿Cómo escucho? ¿Qué necesito? Por empezar, el silencio. Escuchar un sonido es algo que se reconoce por la ausencia y no por la existencia en sí. Se reconoce que hay un sonido porque no existe más el silencio.

Dicen que ingresa adentro de uno, cómo el aire. He descubierto con el tiempo que es verdad, ingresa con el aire. Pero no entra por la nariz, ni por la boca sino por unos orificios que tenemos al costado de la cabeza llamados “orejas”. Pero no sólo el silencio me va a permitir Escuchar. Necesito otra cosa. ¿Cuántas veces te paso de estar concentrado en un pensamiento y no escuchar nada a tu alrededor? ¿Cuántas veces sumergido en la vorágine cotidiana se te pasó por alto un mensaje? Es decir, para escuchar no solo necesito que haya un sonido que irrumpa en el silencio, sino que también necesito estar prestando atención. No vas a poder escuchar si mientras el sonido llega vos estás pensando en algo muy concentrado. Tampoco vas a poder escuchar si estás haciendo alguna actividad.

¿Cuántas veces tuve que repetir tu nombre para que me escucharas aquel día en el subte? Entre tanto ruido mi voz se perdió entonces no pudiste escucharme hasta que estuve lo suficientemente cerca. ¿Cuántas veces te dije que estaba cansada? En fin, no me escuchaste aunque yo emití un sonido. Yo te  repetí  varias veces lo mismo en diferentes momentos pero cuando decidí alejarme vos te sorprendiste. No me escuchaste. Entonces, ¿Qué más necesitamos para escuchar?

Quizás hay que tener ganas. Poner voluntad. Requiere de un esfuerzo escuchar porque no sólo es un sonido lo que vamos a configurar, a veces son palabras. O quizás también a veces son canciones expresando emociones. Simplemente notas musicales emitidas por un instrumento. Pero para realmente escuchar se necesita ese extra de esfuerzo y voluntad de pensar. Comprender. Interpretar. Todo sonido no es escuchado en tanto y  en cuanto se convierte en un mensaje. Sino eso que escuchamos se vuelve lo mismo que el silencio. Entonces escuchar esta en lo sutil. Ni en el silencio, ni en el bullicio. La escucha está en el detalle.

 

 

El arte de respirar consta de dos acciones simples; sin por ello dejar de ser menos fundamentales. La incorporación de aire y su eliminación del cuerpo de una forma constante.

Será importante empezar por la inhalación. Usted deberá intentar que el aire ingrese a su cuerpo.  Será indistinto si lo hace por la boca  o la nariz, pero resultara más  efectivo de la segunda manera. Recuerde, la intención es que ese aire oxigene sus pulmones.  Será útil tomar una bocanada de aire o una sutil absorción por la nariz. A continuación y sin pases intersticios se proseguirá a la liberación del aire contenido en su cuerpo previo a  las maniobras detalladas en líneas más arriba. De igual manera, no comprenderá obstáculo si el medio de expulsión es la nariz  o la boca.

Usted apreciara que en esta instancia su abdomen se hundirá levemente, comportamiento contrario al momento de la inhalación.

 El proceso se reperitá sucesivamente y sin detenerse por el resto de su vida. Una última exhalación, así se llama a la expulsión de aire,  marcará su  final entorno.

A pesar de su aparente monotonía, serán apreciables las múltiples variaciones del proceso.

 En ocasiones será notable  la repetición más apaciguada entre el momento de la inhalación y  el de la exhalación.  Circunstancias como estas quedan confinadas a momentos de sueño tranquilo, descansos apacibles y actividades que invoquen la relajación.

De lo contrario, resultara imposible ignorar aquellas instancias donde la incorporación y liberación del aire se vuelven tan próximas que acortan el proceder de cada una; provocando una sensación de exaltación y agotamiento al finalizar.  Situaciones de este tipo serán desencadenadas  frente a sentimientos de temor, profunda felicidad o ansiedad.

Sin importar la experiencia que domine el panorama, en cualquier momento solo será fundamental recordar despedir el aire e incorporar nuevo. Nunca detener la marcha, despreocupándose del ritmo o la frecuencia. Solo no deje de hacerlo.

 

 

DEJANOS TU COMENTARIO

 

 

La mujer que me inspira,

ahora me acompaña y cobija en las noches de soledad.

La mujer que me inspira,

me contuvo en su útero y lo sigue haciendo en la actualidad.

La mujer que me inspira,

cuando ríe,  se achinan sus ojitos.

La mujer que me inspira,

no es una, sino tres.

Compañeras, amigas, hermanas.

La mujer que me inspira,

tuvo el espíritu bien fuerte

cuando la circunstancia la quería bien débil.

La mujer que me inspira,

es la más desposeída de todas,

pero posee algo que nadie le puede quitar,

su fortaleza para sonreír en la adversidad.

La mujer que me inspira.

puede ser mi abuela, mi madre, mi sobrina,mis hermanas o mi amiga

o simplemente una desconocida.

La mujer que me inspira,

 deja de tener miedo,

de dudar,

de pensar de más.

Se aferra a su verdad y se hace férrea en ella.

La mujer que me inspira puedo o quiero ser yo,

pero tomo el ejemplo de ellas para ser una en nosotras.

 

"LA MUJER QUE ME INSPIRA"-

Silvina Ferreyra

 

 

 

 

MARZO 2021

 

 

Amanece,  los pensamientos brillan en mi cerebro. Debo escribir. Debo hacer un relato. Ella dijo: tiene que ser relacionado con mujeres originarias.

Cierro los ojos y en la ensoñación viene a mí Isabel Guevara y los primeros pobladores de Asunción, su larguísima caminata, los mancebos de la tierra.

Pero no, no es ella… Las niñas de Ayohuma y el ejército de General Belgrano allá en Tucumán. No, no son ellas.

Me llaman, vienen a mí las soldaderas, las adelitas de Francisco y Emiliano… Me convocan, desde un remoto pasado, las mujeres de Calfucurá, de Catriel, que los acompañaron en su éxodo infernal desde la lejana Patagonia, para verlos morir en la isla Martín García.

Y de las manos de ellas, aparecen otras, las residentas, las que levantaron una Nación casi extinta.

Y medito, y reflexiono; silencio de la madrugada…El tiempo no existe, ellas son una y son todas. Su llama eterna no se ha extinguido.

Y llega a mi Emiliana Ramírez, quien acompañó a Amado, mi abuelo, en aquella caminata endemoniada a través de la floresta selvática, indomésticada, al reino del puma y del yaguareté; pero esa; esa es otra historia…

 

"LA MUJER QUE ME INSPIRA ES ELLA, SON ELLAS"-

Martha Vallejos

 

 

 

 

Podría decir que la mujer que me inspira es una poeta, una científica, tal vez una reconocida feminista pero no, paradójicamente la mujer que me inspira es una composición de todas las mujeres que me rodean.

La mujer que me inspira me toma de la mano para cruzar la calle, canta a gritos a las siete treinta de la mañana y no se duerme sin que le cuente un cuento.

La mujer que me inspira, cuando era niña, se iba a dormir sin comer para que yo comiera, y me decía “nadie  tiene derecho a tocarte un pelo” “pase lo que pase siempre podés contar con mamá” “estudia y trabajá para ser independiente” “no tengas miedo de hacer lo que te gusta”

La mujer que me inspira me espera para tomar mates, o lo que sea, y mientras nos pintamos las uñas me da, desde consejos legales, hasta de amores.

La mujer que me inspira es la que me invita a marchas, me abraza porque sabe de mis dolores, los propios y ajenos, me llama valiente y me pide que siga.

La mujer que me inspira, es con la que nos vemos una vez al año, pero tenemos la misma complicidad que en los días de secundaria.  Me calma con su pacifica sabiduría, pero cuando  todo se pudre,  es la primera en la trinchera.

La mujer que me inspira, me cuenta de su vida y de sus anhelos mientras cocino, a la que en cada oportunidad que tengo, trató de convencerla, que deje a ese maldito.

La mujer que me inspira, con pucho en una mano y una pinta en la otra, ríe a carcajadas descaradas, pone cumbia para bailar las penas.

La mujer que me inspira, cocina para un centenar de personas, sin esperar nada a cambio, con la esperanza de que un día, nadie necesite de ella.

La mujer que me inspira, a veces causa miedo por su vozarrón, por su falta de temor al defender una idea, esa a la que muchas no soportan porque se anima a decir lo que otras no.

La mujer que me inspira, escribe unos cuentos de valor descomunal, aquellos en los que, en un renglón, te cose un par de alas y empodera a través de las palabras.

La mujer que me inspira jamás va a mirar para otro lado, está ahí, para las otras.

 

"LA MUJER QUE ME INSPIRA "

Ojeda L. Marlene

 

 

 

La mujer que me inspira tiene el rostro de todas.
La elijo a ella en representación de la vida, la energía de seguir resistiendo la imponente parcialidad.
Ella, hondureña. Ella temple combativo y despierto.
Como el río Gualcarque, por el que su vida vio despegar, fluyo con estrepitosa vehemencia lanzándose sin paracaídas en abismos colmados de ambición.
La elijo a ella como mi inspiración, a ella entre todas, a modo de  síntesis de lo que no entra en una palabra.
Aquello de lo que aún no nació nombre. La entrega desinteresada por dignidad humana, aunque en ello se vaya la vida propia sin escarmentar.
Ella perteneciente al pueblo Lenca, pueblo que se levantó contra el saqueo de multinacionales avasalladoras de territorios ancestrales.  Vaciando vidas, apropiando recursos, pisoteando humanidad.
Pueblo de pie que ha perdido una pierna.
Si eso no causa conmoción, poco queda por hacer.
Sin disfraces ni ademanes todo acabó en un disparo. Adiós Berta y con ello la resurrección de almas calladas que son convocadas a dejar la pasividad, tomando consistencia y determinar resistencia total a quien quiere aplastar.
Aclaro, la elijo a ella entre millares, por pura subjetividad. Y quizás algo de causalidad, de haberla conocido pocos meses más tarde de su asesinato.
Una conexión que siento cercana, que siento profunda y me causa admiración.
Personifico en ella a las demás. Porque admiro la valentía, la alegría y esa capacidad de reaccionar fervientemente sin dejarse amedrentar.
Es esa inmensidad que no se deja apagar, que se replica e inmortaliza dentro de otras más.

 

 

 

"LA MUJER QUE ME INSPIRA "

Evelyn Gudiño

 

 

 

 

La mujer que me inspira, brota de las entrañas.

Es eco y hueco, en la maraña primigia.

Transita apacible o huracanada

en el peregrinar  de los días.

La mujer que me inspira es raíz y tallo,

Es perfume de existencia.

Es soplo de vida heredado.

Es el amor sin ración de medida.

La mujer que me inspira,

es la más desposeída de todas,

pero inviste algo que nadie le puede quitar,

la  fortaleza para sonreír en la adversidad.

La mujer que me inspira, cocina para un centenar de personas, sin esperar nada a cambio, con la esperanza de que un día, nadie necesite de ella.

La mujer que me inspira es la que me invita a marchas, me abraza porque sabe de mis dolores, los propios y ajenos, me llama valiente y me pide que siga.

La mujer que me inspira me hace meditar y reflexionar; trae silencio la madrugada…El tiempo no existe, ellas son una y son todas. Su llama eterna no se ha extinguido.  Llega a mi Emiliana Ramírez, quien acompañó a Amado, mi abuelo, en aquella caminata endemoniada a través de la floresta selvática

La mujer que me inspira, ya no es una… Vastas son las cantidades.

Es esa inmensidad que no se deja apagar, que se replica e inmortaliza dentro de otras más

A ella, a ellas entre todas, a modo de  síntesis de lo que no entra en una palabra. Todas, para ser una, en nosotras

 

DICIEMBRE 2020

 

 

"LA MUJER...LAS MUJERES"